Este pequeño gatito negro no pudo resistirse y se tragó entera esa polla gruesa como si fuera su juguete favorito. La muy zorra se la metió hasta la garganta sin pestañear, moviendo esos labios como una profesional mientras el tío apenas podía creer lo que estaba pasando. Cada gemido que soltaba al chuparla hacía que la situación fuera aún más caliente, y cuando al final se corrió en su boquita, la muy guarra ni se inmutó, tragándosela toda con una sonrisa pícara.