En la cama del hotel siendo follada con esa energía que solo se da cuando sabes que nadie los escucha. Las sábanas arrugadas y los golpes contra el colchón marcaban el ritmo mientras ella pedía más sin vergüenza. Cada gemido se perdía entre las paredes de esa habitación que terminó oliendo a sexo puro. No hubo prisa, solo los dos entregados a sentir hasta lo más profundo, demostrando que un cuarto de hotel puede convertirse en el mejor escenario cuando el deseo manda.