
Chupó hasta que se corrió en su boca, tragando cada gota con una sonrisa perversa. No dejó escapar ni una sola gota, demostrando que nadie lo hacía mejor que ella. Sus ojos no se apartaban de los suyos mientras sentía cómo el líquido caliente llenaba su garganta.
Cuando terminó, siguió lamiendo lentamente, asegurándose de dejarlo completamente limpio. Era evidente que disfrutaba cada segundo de ese momento humillante para él pero excitante para ella. Una experta que sabía cómo saciar cualquier deseo.