Chupándosela a tu novio en la calle era lo último que podías esperar ver en plena acera, pero a ella no le importó un carajo. Con miradas furtivas hacia ambos lados, se agachó y lo hizo... ahí mismo, contra una pared, con el peligro de que alguien los descubriera en cualquier momento. Sus labios no perdieron tiempo y él apenas podía contener los gemidos, agarrándole el pelo cada vez más fuerte mientras se dejaba llevar por la calentura del momento. El sonido de su boca trabajando, mezclado con los ruidos de la calle, hacía todo más excitante.