Con cara de traviesa, esta zorra no sabía en lo que se metía cuando se enfrentó a esa polla. La muy guarra pasó de sonreír a gemir como una loca cuando le empezaron a dar sin piedad, con esos ojos que pedían clemencia pero ese cuerpo que seguía pidiendo más. Las lágrimas se mezclaban con el maquillaje mientras la verga le abría el coño más de lo que esperaba.