De 4, esta corona sufrió todas las locuras que este joven tenía en mente. La muy zorra aguantó como una campeona mientras le daban sin piedad, con ese culo rebotando al ritmo de cada embestida salvaje. Los gemidos se mezclaban con jadeos, dejando claro que aunque lo disfrutaba, también sentía cada centímetro de esa polla que la estaba rompiendo.