Una puta casada no pudo resistirse y tuvo sexo con su entrenador personal justo después de su sesión de ejercicio. Lo que empezó como simples estiramientos terminó con ella gimiendo y sudando por razones muy distintas. Entre empujones contra las pesas y gemidos ahogados, demostró que valía más la pena entrenar en la cama que en el gimnasio. Para los que saben que la verdadera quema de calorías ocurre entre las sábanas, especialmente cuando hay un matrimonio de por medio que no sabe nada. Adrenalina, lujuria y secretos bien guardados.