
Sacerdote metió su polla en dos jovencitas traviesas que llegaron al confesionario buscando más que absolución. Sus hábitos blancos contrastaban con los pensamientos pecaminosos que tenían para este hombre de Dios. Primero fue un toque casual, luego un beso furtivo, hasta que terminaron arrodilladas ante él, implorando por su bendición más íntima.
Las gemelas traviesas se turnaban para probar su "comunión", sorprendidas por el tamaño de su "vara sagrada". Para cuando terminó el servicio, las faldas escolares estaban arrugadas y sus almas purificadas de manera muy poco ortodoxa. Una confesión que jamás olvidarían.