Por el culo esta siliconada pide polla a gritos, que hasta las paredes vibraban con sus alaridos. La zorra no tenía suficiente con su operación de tetas, también quiso un culo artificial que ahora rebota como pelota de playa cuando le meten la verga hasta el fondo. Cada embestida le sacaba un gemido más guarro, mientras las uñas se le clavaban en las sábanas. Cuando acabaron, tenía el ojete más abierto que la bocacha del metro.