
Hombre rico comiéndose al empleado que necesitaba el trabajo para mantener a su familia. Mientras el joven gemía entre las sábanas de seda, el potentado le recordaba que su sueldo dependía de cuánto aguantara esa noche. Cada gemido del empleado sonaba más dulce que un aumento de sueldo.
El empresario no tuvo piedad, usando ese cuerpo joven como su juguete personal hasta el amanecer. Cuando terminó, le dejó el culo adolorido y el orgullo por los suelos, pero con la nómina asegurada. Una transacción comercial muy particular.