La morena guarrilla chupó tanto esa polla grande que se corrió en su cara como la zorra desesperada que es. Con esa boca abierta a tope y los ojos llorosos, no paraba de meterse la verga hasta la garganta mientras el tío le agarraba la cabeza. Hasta el último chorrazo se lo tragó como una puta adicta a la leche. Cuando terminó, tenía la cara llena de chorros y esa sonrisa de cerda satisfecha. Qué asco pero qué buena está.