Se subió a su espalda y se la metió profundamente en el culo, dándole un viaje que nunca olvidará. Con cada empujón, el gemido se hacía más intenso, mezcla de dolor y placer. Ella no dejó espacio para respiro, clavándose sobre él con un ritmo que aceleró corazones. Cada centímetro contaba, cada gota de sudor lo hacía más salvaje. Para los que disfrutan del sexo anal sin concesiones, esta escena es adrenalina pura. Cuando la presión fue insoportable, sólo quedó rendido, con el cuerpo tembloroso y el alma en llamas.