La rubia guarrilla se lo dio a su psicológico en una sesión que no estaba en ningún manual de terapia. Las paredes del consultorio fueron testigos de cómo sus "ejercicios de relajación" terminaron con blusa abierta y falda arriba. Entre jadeos fingiendo ansiedad, le demostró qué tan profundo podía llegar su "tratamiento", mientras el profesional olvidaba por completo su código ético. El diván nunca volverá a ser igual después de escuchar cómo sus gemidos rebotaban contra los diplomas colgados, confirmando que algunas recetas se administran mejor sin ropa. Descubre qué recetaron después del diagnóstico.