Se comió a la traviesa secretaria de la universidad después de que su coqueteo inocente cruzara todos los límites. Lo que comenzó como un simple trámite académico terminó con sus piernas abiertas sobre el escritorio, secretos revelados entre jadeos y suspiros ahogados. Sus uñas se clavaron en la madera mientras él la tomaba con esa mezcla de rudeza y dominio que dejó los papeles esparcidos como testigos mudos. Ni el doctorado más difícil le había puesto tan colorada como cuando le susurró al oído lo sucia que era entre clase y clase.