
En el trabajo se lo diste al hijo de tu jefe entre fotocopias y archivos, con solo levantar esa falda y dejarte clavar contra el escritorio. Tus gemidos ahogados se mezclaban con el ruido de las impresoras mientras él te cogía como su puta personal. El riesgo de que alguien los descubriera solo hizo que tu coño se pusiera más caliente.
Cuando terminó y te llenó de leche, te arreglaste rápido sabiendo que mañana volverá por más. Una secretaria fiel en la oficina, pero una zorra en privado. Así se consiguen los ascensos.