Esa mujer era pura tentación hecha carne — especialmente cuando se acomodaba sobre cualquier superficie mostrando ese trasero generoso que parecía tener vida propia. Cada pequeño movimiento era un espectáculo: ya fuera balanceándose suavemente o rebotando con descaro. La tela de su ropa interior apenas podía contener toda esa voluptuosidad, y ni hablar de cuando decidió que los pantalones eran totalmente innecesarios...